En La Plata se les dicen coloquialmente “basureros”. Quien esto escribe, hasta sus 5 años, añoraba este oficio para el resto de su vida. No se dio. Los vecinos los reconocen por el ruido del camión antes de que doble en la esquina. Este 2 de octubre es su día y vale mirar de cerca a quienes trabajan con la basura ya sea bien cuando cae la tarde, o cuando ya casi todos duermen, u otros recién se levantan: depende el municipio, el barrio, la zona o la región.
La Ley 24.854 fue sancionada el 18 de junio de 1997 y publicada en el Boletín Oficial el 23 de julio de ese año. Tiene apenas unos escuetos dos artículos: el primero declara el 2 de octubre Día Nacional del Recolector de Residuos y el segundo manda comunicarlo al Poder Ejecutivo.

Los números de La Plata
Los residuos de La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena y Brandsen llegan al relleno de la CEAMSE en Punta Lara en unos 70 mil camiones por año, casi 190 por día. Solo la ciudad capital bonaerense genera entre 276 mil y 318 mil toneladas anuales, lo que da entre 750 y 870 toneladas por díade promedio.
El servicio cubre unas 24.500 cuadras de residuos habituales y 21.000 de no habituales, con recolección seis días por semana en el Casco y los centros comerciales de las localidades y tres en la periferia. La concesionaria cuenta con unos 183 choferes y 350 peones recolectores, según datos de 2024.
Tres historias femeninas arriba del camión de todo el país
En 2019 el diario porteño Clarín contó el debut en La Plata de las primeras mujeres recolectoras de residuos secos: tres equipos de tres y una suplente. Paola Martínez manejaba un camión por el barrio Hipódromo de La Plata mientras Analía Guerrero y Camila Sein viajaban en los estribos y saltaban cada vez que asomaba una bolsa verde. Guerrero, casada con un chofer y madre de tres hijos, contó que las habían capacitado para conducir. La propuesta había partido del gremio de Camioneros.
Infobae contó en febrero de 2024 la historia de Paola Figueroa. Con 43 años, críaba sola a tres hijos y trabajaba “colgada” de la parte trasera de un camión de Higiene Urbana en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú.
Pasó a la recolección desde la mesa de entrada de esa Municipalidad por el salario. Volvió de tres meses de licencia por una lesión de tobillo el 10 de febrero y esa misma medianoche escuchó gritos desde el río. Corrió unos 500 metros y se tiró al agua para calmar y sacar a un hombre que se ahogaba.
En 2024 la historia de Natalia, la primera recolectora de Paraná: un día faltó un compañero del camión, le tocó cubrirlo y no se bajó más. Recorre cerca de 100 cuadras por día, tiene cinco hijos y dice que la recolección le salvó la vida. Roxana se sumó inspirada por ella y viene de una familia del oficio: su papá fue recolector durante 41 años.
Los basureros y su identificación futbolera
El apodo también tiene historia futbolera en La Plata. A los hinchas de Gimnasia les dicen “basureros” desde la presidencia de Oscar Emir Venturino, que se extendió entre fines de los años 60 y la década del 70 y que era dueño de una empresa de recolección de residuos.
Según la versión que difunde la propia institución, el mote nació como burla de los rivales y el público del Lobo lo adoptó con gusto. Otras versiones sostienen que fue una autodenominación de los propios simpatizantes. El club ya cargaba con otro apodo de origen laboral y obrero: triperos, ligado a quienes trabajaban en los frigoríficos de Berisso.
Del lado de la vereda
Los que saben explican que muchos vecinos tiran el vidrio en bolsas y no en cajas, y que eso provoca cortes. Se habla de gente que no tiene cuidado ni empatía con estos trabajadores y trabajadoras. Cerrar bien la bolsa, separar secos y húmedos y respetar el horario del recorrido protegen manos concretas.
La próxima vez que el camión pare en la esquina o frente a cualquier casa, un gracias desde la vereda no cuesta nada.


