El gobierno de la provincia de Buenos Aires confirmó el cierre definitivo del manicomio del Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero hacia fin de año. La medida formalizó la eliminación de la internación crónica en el neuropsiquiátrico más grande y antiguo del territorio bonaerense. El anuncio estuvo a cargo de los ministros Carlos Bianco, Silvina Batakis, Estela Díaz y Nicolás Kreplak. La institución encaró así una reconversión histórica hacia un modelo de salud mental comunitaria.
La estrategia contempló la entrega de 175 viviendas sociales en Melchor Romero, de las cuales 30 fueron asignadas a personas externadas del centro de salud. De esa forma, el Estado provincial sustituyó las estadías asilares prolongadas por dispositivos habitacionales con acompañamiento cotidiano. Este hito transformador puso fin a 140 años de una historia institucional atravesada por el aislamiento, la vulneración de derechos y luchas por la dignidad humana.
Transformación del Hospital Alejandro Korn y el rol de los profesionales de la salud
El ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, precisó que la entrega de las viviendas marca un hito para el cierre del manicomio más grande y antiguo de la provincia. El funcionario aclaró que el establecimiento no cerrará sus puertas, sino que el Hospital Alejandro Korn pasará a ser un hospital general especializado en salud mental. La institución continuará con la atención de padecimientos psiquiátricos e incluso aumentó su capacidad para el abordaje de cuadros agudos dentro de la red de salud pública provincial.

En cuanto al futuro de los profesionales, médicos, psicólogos, trabajadores sociales y enfermeros mantendrán sus cargos e integrarán equipos interdisciplinarios para el acompañamiento territorial. Los equipos de salud asumen un papel central en la supervisión diaria y la reinserción social de los externados. Este esquema retoma la tradición histórica del propio hospital, donde experiencias previas demostraron que la transición comunitaria jerarquiza la labor profesional y preserva las fuentes de trabajo sin recurrir a la desprotección laboral.
El complejo de viviendas, cuya gestación comenzó en 2013 tras la inundación de La Plata, cuenta con el diseño e intervención del Organismo Provincial de Integración Social y Urbana. La ministra de Hábitat, Silvina Batakis, destacó que el barrio dispone de infraestructura totalmente accesible sin desniveles para personas con discapacidad. Las instalaciones incluyen veredas, redes de alumbrado, forestación, espacios recreativos comunitarios, parrillas y canchas deportivas para favorecer la convivencia social.
De la fundación en 1884 a las violaciones sistemáticas de derechos humanos
Fundado en 1884 a diez kilómetros de La Plata sobre un predio de 180 hectáreas, el Hospital Alejandro Korn nació bajo el paradigma del tratamiento moral. En sus primeros años, el establecimiento aplicó un régimen de puertas abiertas y tareas agrícolas solo para hombres, mientras las mujeres enfrentaron un encierro absoluto. Con el paso de las décadas, la institución albergó a miles de personas vulnerables, muchas de las cuales ingresaron por razones sociales o la falta de redes familiares.

Durante más de un siglo, las personas internadas padecieron graves abusos institucionales que anularon su identidad y autonomía individual. Las usuarias sufrieron la aplicación sistemática de electroshocks, comas insulínicos, sobremedicación psicofarmacológica y sujeción mecánica. Diversas inspecciones judiciales constataron el hacinamiento, la mala alimentación y el abandono material, factores que provocaron estadías de hasta seis décadas y tasas de mortalidad elevadas dentro del recinto.
Las fuentes históricas y judiciales documentan que las condiciones de internación en el Hospital Alejandro Korn estuvieron marcadas por prácticas cruentas, abandono material y violaciones sistemáticas a los derechos humanos:
- Prácticas médicas cruentas: Las historias clínicas registran la aplicación de comas insulínicos (hasta 30 comas profundos inducidos a una misma persona), lobotomías y tratamientos con electroshock de manera compulsiva. Asimismo, la sujeción mecánica (personas atadas a sus camas) y la hipermedicación psicofarmacológica se utilizaron de forma habitual como mecanismos de control.
- Anulación de la identidad e intimidad: El régimen asilar eliminó la privacidad de los usuarios. Las personas sufrían la pérdida de su singularidad, no contaban con puertas en los baños, eran llamadas a los gritos por su apellido y sufrían traslados forzosos de salas. Además, las cartas que los internados escribían a sus familias o consulados jamás eran enviadas y se utilizaban internamente para elaborar diagnósticos.
- Hacinamiento, insalubridad y desnutrición: Inspecciones judiciales y testimonios dieron cuenta de comida deficiente e insuficiente, con residentes que llegaron a pesar entre 30 y 37 kilos por desnutrición. Las pabellones presentaban falta de ventilación, presencia de roedores e insectos, y acumulación de colchones e instrumental deteriorado. También se registraron denuncias por abusos sexuales intramuros.
- Confinamiento perpetuo y elevadas tasas de mortalidad: Se documentaron casos de personas que permanecieron aisladas entre 30, 40 y hasta 74 años, muchas veces ingresadas por razones de pobreza, falta de red familiar o prejuicios de la época. El Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU calificó este aislamiento como una privación arbitraria de la libertad. La probabilidad de morir dentro del predio era considerablemente superior a la del exterior, ocurriendo decesos por neumonías, infecciones generalizadas y desnutrición.
- Represión a las denuncias: El hospital contó con una policía interna. Cuando trabajadores y profesionales se organizaron en 1973 para exigir condiciones dignas y denunciar los maltratos, la inteligencia policial (DIPPBA) inició un espionaje sistemático que derivó en la desaparición de 5 trabajadores, la detención de 4 y el despido de 80 empleados durante la dictadura militar.
La historia del centro médico estuvo signada además por la organización sindical y la persecución política. En 1973, las y los trabajadores tomaron el hospital en reclamo de insumos y condiciones de atención dignas, lo que generó un esquema de gestión asamblearia. Tras la llegada de la dictadura militar, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires intensificó la vigilancia sobre el personal. El terrorismo de Estado provocó la desaparición de cinco trabajadores, la detención de cuatro, el exilio de siete y la cesantía de ochenta empleados.

En 1988, el psiquiatra Abelardo Gilabert asumió la dirección del hospital e inició una transformación comunitaria previa a la Ley Nacional de Salud Mental N.° 26.657. El profesional promovió asambleas, talleres artísticos, labores remuneradas y la publicación de la revista La Barraca, con participación activa de residentes y profesionales. Décadas después, el Movimiento por la Desmanicomialización en Romero rescató los archivos históricos del establecimiento, proceso retratado en el documental Dejar Romero.
La reconversión institucional y el futuro de las personas externadas
En la actualidad, el Hospital Alejandro Korn pasa a funcionar como un hospital general especializado en salud mental dentro de la red pública provincial. Las autoridades ampliaron la capacidad para la atención de cuadros agudos e integraron a médicos, psicólogos, enfermeros y trabajadores sociales en equipos interdisciplinarios. El personal de salud mantiene sus cargos y asume el seguimiento de los externados en el territorio, sin pérdida de fuentes de trabajo.

El proyecto habitacional de 175 viviendas, con una inversión de 47.884 millones de pesos, favoreció la integración urbana del barrio con veredas y espacios comunitarios. Las personas externadas concurren a talleres en el Club Alborada, asisten a escuelas públicas y reciben asistencia del Centro de Atención Primaria en Rehabilitación. La reubicación comunitaria consolidó el cierre definitivo de la internación asilar y garantizó el ejercicio pleno de los derechos humanos.


