El fin de semana pasado, en los primeros días de primavera, La Plata se despertó con un cielo limpio, un sol con ganas de quedarse y una temperatura que parecía pedir perdón por todo el invierno. Se vio gente guardando el sobretodo, gente rescatando las ojotas del exilio y gente que, en un arrebato de fe, lavó el auto. El invierno se había ido, la lluvia también, y todo el mundo estuvo de acuerdo en que esta vez sí.
Ahí estuvo el error.
Con el termómetro de buen humor, los organizadores hicieron lo que haría cualquiera: se envalentonaron. Alguien dijo “hagámoslo afuera” y nadie lo contradijo. Se confirmaron fechas, se imprimieron carteles, se llenaron de flyer las redes sociales, se pidieron permisos y el primer fin de semana de octubre quedó con una agenda como pocas veces se vio.
Una agenda escrita con optimismo
Cervezas artesanales, ferias de productos regionales, ferias francas que debutaban y otras que estrenaban domicilio. Propuestas pensadas para tomar sol, caminar entre puestos, comer parado y quedarse hasta la tardecita. Rara vez hubo una grilla tan poblada, y eso mide bien cuánto le creímos a la primavera.
Y llegó el sábado. Amaneció con una lluvia insistente, pareja, sin apuro y sin fecha de caducidad. No cayó una tormenta de las que tienen espectáculo, inundan esquinas y tiran ramas, y al menos se ganan titulares en los portales.
Esta es la otra, la que no pide atención y se la lleva igual: copiosa, permanente, de las que mojan mucho. Sí, toda lluvia moja. Pero esta moja muuucho. Es una lluvia de esas de oficina, de las que llegan temprano, se sientan y no se van, y según lo que se prevé podría quedarse todo el fin de semana.
“Piove, Madonna come piove”
Hay un cantante italiano llamado Lorenzo Cherubini que en los escenarios se hace llamar Jovanotti. Es uno de los nombres pop más populares de Italia desde finales del siglo pasado, de los que llenan estadios y bailan arriba de los parlantes.
Tiene una canción que se llama “Piove”, que en el idioma de la península quiere decir “llueve”, y cuyo estribillo incluye una exclamación que media ciudad pronunció el sábado al abrir la persiana. Se la dejamos en italiano y con la mano en el pecho. (“baidegüey”, esta noche me toca conducir el noveno festival de la música italiana, vayan, no se suspende).
Para el oído local conviene recurrir a Palito Ortega, que le cantó a la espera de la primavera en una canción que varias generaciones saben tararear. Todo ahí es ansiedad: esperar, esperar y que por fin llegue. Lo que Palito no previó fue el capítulo siguiente, el de la primavera que llega, saluda, se hace la simpática y a los ocho días se manda un sábado de paraguas. Esperada, sí. Traicionera también.
Si hace falta una banda sonora para el momento, el bolero ofrece “Esta tarde vi llover”, de Armando Manzanero, que describe con bastante precisión lo que hizo la ciudad este sábado: mirar llover desde un lugar seco, con cara de resignación y sin ganas de salir.
Gene Kelly bailaba bajo el agua en “Cantando bajo la lluvia”, pero tenía un equipo de producción y un plan B. Los organizadores de ferias y festivales, no.
Los que no pueden suspender
Hay eventos que se corren con un mensaje en redes, un “por razones climáticas, reprogramado” y un emoji de nube. Y hay uno que no admite reprogramación: la peregrinación a pie a Luján.
No es la primera vez que se camina bajo el agua y los que van todos los años lo saben: se lleva capa, una bolsa para los pies y mucha paciencia. Los peregrinos caminan con fe, como corresponde, solo que con lluvia la fe viene mojada y pesa un poco más. También hay quien llega hasta la puerta de casa, mira el cielo, hace la cuenta de los kilómetros y vuelve a entrar. A último momento siempre aparecen los arrepentidos, y este año fueron más.
Tampoco se salvan los eventos con techo. La sala está, el escenario está y la entrada ya se pagó, pero llegar es otra historia: el remís que no aparece, el paraguas que se da vuelta, la esquina convertida en arroyo corto. Con esta lluvia, la cuenta de ir o quedarse suele terminar del lado del sillón de Netflix (perdón por la insistencia pero los italianos vamos igual).
Hay enojo y se entiende. Detrás de cada cartel hay puestos armados, mercadería lista, horas de trabajo y alquileres de sonido que se pagan igual con sol o con agua. La lluvia no pide disculpas ni deja factura, solo deja charcos.
La primavera sigue en el calendario y nadie se la va a desmentir. Quien haya guardado el abrigo o el piloto, que lo busque. Quien lavó el auto, en cambio, que no diga nada.


