Hay mentes platenses detrás del rompecabezas espacial. Hace un par de semanas te contábamos en Infocielo sobre un descubrimiento que sacudió a la comunidad astronómica internacional. Hoy les ponemos cara a los protagonistas: los científicos Leandro Abaroa, Gustavo E. Romero, Jorge Combi y Federico García desde el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), ubicado en el Parque Pereyra Iraola, se mostraron en su cuenta de Instagram después de desarrollar la teoría que permitió explicar un fenómeno que desconcertaba a los astrónomos desde hacía más de 30 años.

¿Pero qué descubrieron junto a astrónomos de la Universidad de Jaénen España? Para entenderlo sin vueltas, imaginemos una linterna gigante encendida a 12.000 años luz de distancia. Ese objeto lejano se llama IRAS 18293-0941 y es lo que los científicos conocen como un microblázar. Sí, linterna, pensémoslo así.

Su gran particularidad es que este sistema expulsa dos chorros de materia a gran velocidad, y uno de ellos apunta casi directamente hacia la Tierra. Es decir, su luz viaja por el espacio en nuestra dirección, como si esa linterna cósmica nos iluminara de frente en medio de la inmensidad de la Vía Láctea.
¿Cómo funciona la máquina del microblázar?
Para entenderlo, imaginemos un motor espacial formado por dos vecinos: de un lado, una estrella común y corriente; del otro, un objeto extremadamente compacto y pesado, como un agujero negro o una estrella de neutrones. El objeto más denso atrae el gas de su compañera y acumula parte de ese material a su alrededor.

Pero no todo el gas termina allí. Una parte sale disparada en forma de dos chorros de materia a velocidades enormes, que se extienden en direcciones opuestas. Uno de ellos apunta hacia la Tierra y, debido a su velocidad y orientación, su emisión parece mucho más brillante para nuestros telescopios. Es un efecto conocido como amplificación relativista, parecido a la diferencia de intensidad con la que percibimos la luz de un vehículo que se acerca de frente.
El chorro gemelo apunta en dirección contraria. Al interactuar con el gas que encuentra en el espacio, puede producir una región brillante y formar una estructura que ayuda a los investigadores a reconstruir lo que sucede en el sistema.
Del papel a las antenas del Parque Pereyra Iraola
Para explicar este fenómeno hicieron falta tres años de análisis minuciosos, con información obtenida mediante radiotelescopios y observatorios de rayos X distribuidos por el mundo.
Allí estuvo uno de los aportes centrales del equipo platense: reunir datos de distintas observaciones y desarrollar un modelo físico capaz de explicar cómo encajaban las piezas del rompecabezas.
El resultado permitió dar una explicación a un fenómeno que llevaba décadas bajo estudio y aportó nuevas herramientas para comprender cómo funcionan estos sistemas extremos.
El hallazgo también pone en primer plano el trabajo que se realiza en el Instituto Argentino de Radioastronomía, cuyas antenas forman parte del paisaje del Camino Centenario, en el Parque Pereyra Iraola. Desde allí, investigadores de La Plata participan de una tarea científica que conecta observaciones del universo, cálculos complejos y colaboración internacional.
Detrás de un misterio que parece sacado de una película de ciencia ficción hay años de investigación, equipos especializados y científicos que buscan respuestas a preguntas sobre los objetos más extremos de nuestra galaxia.


