La postal de la catedral de Milán con sus puertas cerradas tras los severos disturbios callejeros se convirtió en el símbolo de una tensión social que se replica rápidamente en Roma y Turín. El periodista italiano Guido Gazzoli, en diálogo con Nuria González Rouco y Albino Aguirre en el programa “Palabras más, palabras menos” por la emisora FM Cielo 103.5, describió el panorama en las calles milanesas tras una jornada de violencia que dejó un saldo de 160 efectivos policiales heridos y 220 jóvenes arrestados, en su gran mayoría menores de edad.
La escena en la jefatura central refleja la magnitud de la crisis, “hay una cola actualmente enfrente de la central de policía de Milano impresionante de padres de estos chicos que se fueron para tomarlo porque no pueden quedar presos tratándose de menores de edad”, explica el periodista.
El fenómeno expone la irrupción de chicos estimulados a través de plataformas digitales para cometer actos vandálicos en la vía pública. “Son chicos de 11 o 12 años convocados a ir a hacer violencia vía TikTok”, detalló Gazzoli, agregando que la reacción de las familias oscila entre el desconcierto y la furia, “hasta algunos dijeron: ‘Cuando encuentro a mi hijo le voy a romper la cabeza’”. Para el cronista, esta desconexión evidencia una grieta profunda en la estructura social básica, “demuestra cómo adentro de la familia no se dialoga más, los padres están sorprendidos de que los hijos tomen decisiones así. La familia está destruida como institución”. La impunidad percibida actúa como combustible, bajo la premisa que se les transmite digitalmente de que “la policía no los va a tocar porque son menores”.
Del euro al colapso salarial: una crisis económica peor que la de posguerra
Más allá del vandalismo puntual, la conflictividad hunde sus raíces en un deterioro económico estructural que lleva quince años gestándose bajo distintas administraciones políticas. Gazzoli calificó la coyuntura como “la peor crisis luego del posguerra”, señalando la desilusión con la gestión de Giorgia Meloni, quien “había prometido en su campaña electoral el oro y el moro y después no hizo un charango”. El impacto sobre el poder adquisitivo de los hogares desde la adopción de la moneda única ha sido devastador. En el año 2002, una familia tipo podía llegar a fin de mes y pagarse vacaciones con un sueldo medio de 1.500 euros mensuales; hoy, con salarios que rondan entre los 600 y 700 euros, un hogar requiere 4.200 euros al mes para cubrir sus necesidades básicas.
Esta brecha genera un escenario de asfixia cotidiana que supera los parámetros de vulnerabilidad observados en otras latitudes. “Juntar el almuerzo con la cena se ha transformado en algo muy difícil porque cuando vas a cargar combustible se te va casi el sueldo”, graficó el periodista, añadiendo que la situación en suelo italiano resulta “más dramática de lo que encuentro la situación argentina”. En este contexto de vulnerabilidad, la protesta es instrumentalizada por sectores partidarios que impulsan la agitación sin haber aportado soluciones cuando ejercieron el gobierno, “están utilizando grupos de política extrema basados sobre la violencia que pueden ser comparados a los grupos terroristas de los años 70 que yo viví muy profundamente en la ciudad de Milán”.
El negocio de Airbnb, la quita del Estado y la trampa del alquiler
El malestar juvenil encuentra otro catalizador central en la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, en un mercado inmobiliario distorsionado por la proliferación de alquileres temporales. Invocando la célebre frase del dirigente Giulio Andreotti —“el poder atora a quien no lo tiene”—, Gazzoli comparó la tensión italiana con las movilizaciones recientes en España y cuestionó la retirada del Estado de la construcción de soluciones habitacionales. Mientras en las décadas de 1960 y 1970 la vivienda pública promovida por el Estado representaba más del 50 por ciento del total, en la actualidad apenas alcanza el 7 por ciento.
El vacío dejado por la planificación pública fue ocupado por plataformas de alquiler turístico que garantizan rentabilidades extraordinarias exentas de cargas fiscales locales. “Se han multiplied departamentos que se han transformado en Airbnb y que garantizan una renta de 5.000 euros por mes no pagando prácticamente impuestos porque la sociedad tiene su central en Holanda”, denunció el corresponsal. Esta dinámica bloquea el proceso de emancipación de las nuevas generaciones, “de ahí se provoca que un estudiante o un chico no pueda independizarse de la familia porque no encuentra vivienda”. La tensión migra incluso al interior de los edificios residenciales, donde los vecinos se organizan para frenar la conversión de unidades familiares en plazas turísticas por razones de seguridad e intromisión.


