El alocado Estudiantes de Diego Simeone no tenía medias tintas. Cuando el partido se ponía fulero, el Cholo tiraba toda la carne al asador y la búsqueda constante del arco rival derivó en una racha inolvidable: 10 victorias consecutivas (12 en 13 partidos) que terminaron con el título después de 23 años, en aquella recordada final ante Boca Juniors.
Con el correr del tiempo, sin embargo, al entrenador argentino lo encasillaron como un técnico defensivo. Se habló de equipos cerrados, de priorizar la marca por sobre el ataque y de un estilo poco vistoso. Una etiqueta que lo acompañó durante buena parte de su ciclo en el Atlético de Madrid.

Hoy la historia parece haber cambiado. El Atlético ganó un poder ofensivo impactante y se transformó en un equipo que lastima por todos lados. El conjunto madrileño elimina rivales con jerarquía, hace goles de todos los colores y se vuelve un rival temible en los cruces directos de las copas europeas.
La primera víctima fue el Real Betis en la Copa del Rey: le marcó cinco goles para avanzar a semifinales. Allí se cruzó con el FC Barcelona y logró una clasificación histórica a la final tras 13 años, luego de ganar 4-0 en Madrid y caer 3-0 en Cataluña.
En paralelo, el equipo también sueña con la UEFA Champions League. En la ronda anterior le marcó siete goles al Brujas en dos partidos y en la ida de octavos aplastó 5-2 al Tottenham Hotspur, donde juega el defensor argentino Cristian Romero.
Tras un inicio irregular en la La Liga, el equipo logró recuperarse y hoy marcha tercero, en zona de Champions, además de ser el cuarto conjunto más goleador del torneo, detrás del Barcelona, el Real Madrid y el Villarreal CF.
Mucho tiene que ver el gran momento del delantero noruego Alexander Sørloth, convertido en un goleador temible, mientras que el argentino Julián Álvarez comienza a recuperar protagonismo justo en la antesala del Mundial.

Eso sí, el equipo todavía tiene un punto a corregir: la solidez defensiva. A pesar de que las estadísticas lo muestran como uno de los equipos con más vallas invictas del campeonato, el Atlético recibe más goles de los que Simeone quisiera, en un equipo que hoy prioriza atacar.

