El mundo del fútbol sigue con atención la inminente definición por la disputa de la Finalissima 2026, entre la Argentina y España, pero el duelo que debe darse el próximo 27 de marzo atraviesa sus momentos de mayor preocupación. Lo que empezó como un problema de calendario, en suelo europeo entienden que se transformó en un “boicot” por parte de la Asociación del Fútbol Argentino.
El principal motor económico del evento, Qatar, ha dejado de ser el refugio seguro que solía ser para el fútbol internacional. La escalada bélica en Oriente Medio, con el intercambio de ataques entre Irán y sus vecinos, puso en jaque la seguridad en Doha. El pánico ha enfriado el interés de las federaciones por viajar al Golfo.
Sin el flujo constante de dinero qatarí y con el “Qatar Football Festival” en peligro, el incentivo financiero que sostenía el torneo ha decrecido notablemente. Por otra parte, desde territorio español entienden que Claudio Tapia no ve con buenos ojos la disputa del encuentro y que el propio cuerpo técnico de la Selección puso en duda el juego en el sorteo del Mundial en diciembre pasado.

Uno de los elementos que entienden genera temor es el recuerdo del 6-1 en favor de España en 2018, lo que haría que el entrenador Lionel Scaloni y compañía prefieran “minimizar daños” y evitar un choque de fuste que pueda hacer mella en los futbolistas. El rechazo a la sede del Santiago Bernabéu está siendo visto como una “tapadera” para evitar el cruce.
Callejón sin salida para UEFA y Conmebol
Lo duro del calendario hace que la situación empiece a entrar en un punto sin salida, ya que el único hueco disponible para jugar es ahora, con la particularidad de que un duelo de estas características e intensidad se percibe como una carga muy fuerte para futbolistas ya sobreexplotados.
Escenarios se siguen barajando, Chiqui Tapia propuso el Monumental y han surgido estadios en Rabat o Miami, pero lo cierto es que la Finalissima está “herida de muerte” y los fanáticos del fútbol cada vez miran el partido con menos expectativa.


