Cada 8 de noviembre la República Argentina conmemora el Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro, efemérides establecida por la Ley 26.852 en homenaje a María Remedios del Valle, heroína afrodescendiente nombrada capitana por Manuel Belgrano por su valor en las guerras de la independencia.
Esta jornada de reivindicación histórica y derechos humanos invita a visibilizar el reconocimiento de la comunidad afro en la conformación de la identidad nacional, y además encuentra en la provincia de Buenos Aires un epicentro material e histórico ineludible: la ciudad de Chascomús y su emblemática Capilla de los Negros.

Ubicada a metros de la laguna, esta construcción histórica constituye el único monumento de su tipo que permanece en pie como refugio comunitario. En este día de memoria, el testimonio de sus descendientes permite reconstruir una trama silenciada durante siglos, pero que sigue viva en el territorio bonaerense.
Raíces de libertad y lucha patria
La presencia afro en la región bonaerense se remonta al origen mismo de Chascomús, fundado en 1779 como fortín de frontera. Desde aquel momento, hombres y mujeres esclavizados fueron traídos de manera forzada para realizar las labores fundamentales del pueblo. Sin embargo, su aporte trascendió el trabajo cotidiano para convertirse en pilar de la emancipación.

Las personas esclavizadas debieron rehacer su vida sin conocer sus lugares de origen exactos dentro del continente africano. Al ser sustraídas de sus tierras, salían embarcadas desde el puerto de Cabo Verde, perdiendo los lazos territoriales nativos. Pese al despojo, su rol en las guerras patrias resultó decisivo.
Así lo remarca Soledad Luis, afrodescendiente, heredera y actual guardiana del santuario chascomunense, al recordar la magnitud del sacrificio de sus antepasados: “estos negros que trajeron a la Argentina fueron los que participaron junto a Belgrano, junto a San Martín en todas las guerras de la independencia y que hicieron nuestro país”. Las filas patriotas se nutrieron del coraje de soldados negros que entregaron su vida por una libertad que a ellos les fue negada durante décadas.
Refugio de fe, candombe y comunidad
Tras años de postergación y tras afianzarse la abolición, la comunidad afro de Chascomús buscó un espacio propio donde resguardar sus tradiciones. Hacia 1860, cuando Buenos Aires aún no se había integrado plenamente a la Confederación Argentina, los libertos locales solicitaron un terreno al juez de paz, quien les otorgó un predio que se extendía desde la esquina hasta la laguna.

Fue en 1862 cuando construyeron la Capilla de los Negros. Además de un recinto religioso, constituía una casa de hermandad para la protección mutua, el culto y la preservación de su patrimonio inmaterial.
Sobre la significación del predio, Soledad Luis destaca: “en este lugar ellos construyeron un lugar de encuentro específicamente para celebrar su cultura, su religión, sus santos y sobre todo para bailar y tocar candombe”. Sus paredes cobijaron los toques de tambor, las danzas ancestrales y los rituales donde la devoción popular se entrelazó con las formas asociativas afrobonaerenses.
Guardianas de la memoria y la identidad
El valor espiritual que conserva la capilla se explica por la entrega dedicada de sus cuidadoras. Entre ellas destaca Doña Eloísa González Soler, abuela de Soledad, quien custodió el santuario desde su juventud hasta su fallecimiento a los 104 años.
“Mi abuela Eloísa, que fue la que cuidó desde sus 17 años hasta los 104 años que murió el lugar, lo convirtió para ella en un lugar espiritual”, evoca Soledad, reivindicando una transmisión familiar que ha mantenido en pie un patrimonio que trasciende lo arquitectónico para ser faro de dignidad.
Hoy, la Capilla de los Negros se reafirma como testimonio imprescindible sobre la historia afroargentina. Visitar Chascomús cada 8 de noviembre es adentrarse en la memoria viva de una comunidad que exige justicia histórica y reconocimiento en el corazón bonaerense.


