Cada 19 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, un hito instaurado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para visibilizar el impacto global de esta patología. La fecha funciona como un recordatorio fundamental para sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de adoptar hábitos preventivos. En este marco, el emblemático lazo rosa se convierte en el símbolo internacional de apoyo para quienes atraviesan la enfermedad y para sus familias, impulsando la igualdad en el acceso a diagnósticos y tratamientos oportunos.
El objetivo central de la jornada es promover la detección precoz mediante la consulta clínica periódica y los estudios de diagnóstico por imágenes. Identificar lesiones en sus etapas iniciales eleva los porcentajes de curación a niveles cercanos al 100%. Para lograr este propósito, la comunidad médica enfatiza que las pautas de control deben estructurarse de acuerdo con la edad y los factores de riesgo de cada persona, permitiendo un seguimiento adecuado a lo largo de las distintas etapas biológicas.
Hábitos iniciales y hábitos de cuidado desde la juventud
A partir de los 20 años, el enfoque preventivo se centra en el conocimiento del propio cuerpo y en la incorporación de hábitos de cuidado de manera regular. Se aconseja la realización de un autoexamen mamario mensual, preferentemente entre el quinto y décimo día posterior al inicio de la menstruación, para identificar cambios o anomalías. Esta práctica se complementa con la visita anual al ginecólogo, donde se lleva a cabo un examen clínico general del estado de salud reproductiva.

Entre los 25 y los 35 años, la exploración médica periódica adquiere mayor relevancia durante la consulta ginecológica habitual. Un profesional de la salud debe efectuar la palpación de las mamas de forma sistemática. En caso de detectar mamas densas o ante la presencia de sospechas clínicas en pacientes menores de 40 años, los especialistas prescriben ecografías mamarias como estudio complementario, dado que se adapte mejor a las características del tejido joven que una mamografía.
La relevancia de los estudios de imágenes de referencia
Al alcanzar la franja que va de los 35 a los 39 años, instituciones especializadas como la Sociedad Argentina de Mastología (SAM) aconsejan realizar una primera mamografía de base. Este estudio inicial funciona como una imagen de referencia que permite a los profesionales comparar los tejidos en las evaluaciones que se lleven a cabo en el futuro. De esta manera, es posible advertir con mayor precisión cualquier modificación incipiente en la estructura mamaria.
Desde los 40 años, la mamografía se convierte en el examen principal y obligatorio para la detección de microcalcificaciones o nódulos de tamaño reducido antes de que puedan ser palpados. Diversas sociedades científicas recomiendan su realización con frecuencia anual, mientras que pautas gubernamentales y la OMS sugieren tamizajes poblacionales cada uno o dos años, focalizando el esfuerzo preventivo entre los 50 y los 69 años. Pasados los 70 años, la continuidad de estos controles se evalúa de forma personalizada junto al médico de cabecera.


