Lo que debía ser una jornada escolar habitual en la Escuela Secundaria N° 4 -ex Colegio Nacional- de Chacabuco se transformó este martes 13 de octubre en un nuevo escenario de violencia urbana y conmoción institucional. Cerca de las 14:20 horas, una discusión desatada en las instalaciones del establecimiento derivó en la agresión física y verbal hacia dos trabajadoras de la educación.
Un conflicto que escaló sin freno
Según los primeros datos reconstruidos, la tensión se originó a partir de un altercado registrado el viernes anterior que involucraba a una estudiante. Durante la tarde del martes, la madre de la alumna ingresó al establecimiento escolar con la intención de reclamo.
Sin embargo, el diálogo se tensó rápidamente. La discusión subió de tono hasta sobrepasar todos los límites, la mujer atacó con insultos y agresiones físicas directas a una preceptora y a la vicedirectora del colegio. Ante el nivel de hostilidad y la gravedad de la situación, el personal directivo debió requerir auxilio de urgencia a las fuerzas de seguridad y a los servicios sanitarios.
Asistencia médica y despliegue policial
Minutos después de la alerta, un móvil de la Policía y una unidad del Servicio de Atención Médica de Emergencia (SAME) arribaron al edificio escolar. Los profesionales de la salud brindaron las primeras atenciones a las docentes agredidas en el lugar. Horas más tarde se oficializó la denuncia en la comisaria local, la causa fue caratulada como Lesiones Leves y Amenazas.
Para este miércoles tanto las entidades gremiales como docentes y directivos convocaron a un paro y abrazo simbólico en la institución donde ocurrieron los hechos que se llevará adelante a las 13.15 en la Escuela Nº4.
Un sueño opacado por la agresión
La preseptora agredida relató su miedo a través de un comunicado. Para Andrea Otegui, la tarde del martes prometía ser inolvidable, justo ese día había recibido los libros que escribió con dedicación. Sin embargo, la alegría por el logro alcanzado quedó abruptamente opacado por la ira de la madre de una alumna, quien ingresó a la escuela a raíz de un conflicto originado el viernes anterior.
“Una madre entró a la escuela, me escupió, me golpeó y me tiró al piso. Me insultó y me amenazó. También golpeó a una directora. En medio de esa violencia, parecía no importar a quién lastimaba en el camino”, relató conmocionada Otegui. Más allá de las lesiones físicas, el impacto psicológico caló profundo en la comunidad escolar. En una sentida reflexión, la preceptora expresó la angustia y el temor que genera tener que regresar al puesto de trabajo tras sufrir semejante vulneración,
“Detrás de cada persona agredida hay una vida. Una familia. Un cuerpo que siente miedo. Alguien que esa mañana salió de su casa para trabajar y nunca imaginó que terminaría así. ¿Cómo volvemos al aula después de eso? ¿Cómo seguimos enseñando el respeto cuando tenemos que recuperarnos de los golpes? ¿Quién cuida a quienes cuidan todos los días?”, interrogo la preceptora, añadiendo que “las heridas también quedan donde no se ven: en el miedo al próximo encuentro, en la angustia al volver”.
Su mensaje concluyó con un doloroso contraste que sintetiza la jornada, “hoy necesitaba abrazar mi libro. Y terminé necesitando que me abrazaran a mí”.
Un reflejo de la crisis en las aulas bonaerenses
El ataque registrado en Chacabuco no es un hecho aislado, sino que se suma a una preocupante radiografía de violencia que afecta a las instituciones educativas de toda la provincia de Buenos Aires. Este episodio ocurre apenas días después del masivo paro provincial y las movilizaciones históricas contra la violencia a docentes.
A comienzos de mes, la indignación popular alcanzó su punto máximo tras el brutal ataque a una maestra en el Jardín de Infantes N.º 916 de Trenque Lauquen, quien sufrió la fractura de un brazo al interceder en un caso de maltrato infantil. Ese hecho desencadenó una huelga del Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB) con un acatamiento cercano al 98 por ciento y una histórica marcha en el oeste bonaerense bajo la premisa de exigir garantías de seguridad y resguardo para el personal escolar.
Desde distritos del conurbano como Hurlingham, San Miguel, Almirante Brown o Florencio Varela, hasta ciudades del interior como San Miguel del Monte, General Belgrano o La Plata, los episodios de intimidaciones, agresiones físicas y amenazas a educadores han encendido las alarmas institucionales. En este escenario crítico, el nuevo hecho en la Escuela Secundaria N° 4 de Chacabuco vuelve a poner de manifiesto la urgencia de aplicar protocolos efectivos de resguardo e intervención para devolverle la paz a las aulas bonaerenses.


