Por Elías Ivanoff -Agencia Buena Data- El universo digital se siente real en las emociones que puede provocar un mensaje directo, un contenido en redes sociales o un juego online. Esas sensaciones se pueden reflejar en el cuerpo a través de la ansiedad o irritabilidad. Muchas veces, la intuición es la que mayoritariamente guía a chicas y chicos para tomar decisiones sobre el uso que deben darle a celulares y computadoras. ¿Pero qué ocurriría si empezamos a pensar respuestas colectivas para alcanzar el bienestar digital?
Mantener una relación saludable con el mundo online ya representa una meta en cada hogar y cada institución. Más allá de las distintas propuestas que existen para garantizar regulaciones y marcos seguros para el tránsito por lo digital, el conocimiento que circula -incluso en las propias aplicaciones- hace años comenzó a ser fundamental para tomar decisiones sobre el uso de las plataformas.
El bienestar digital se vincula también con lo que sucede por fuera de ese ámbito y el cruce del mundo online con el offline es cada vez más evidente. Así lo indican especialistas dedicados a analizar los riesgos del universo digital ante la magnitud del uso de las tecnologías. Según la Encuesta Kids Online 2025 de UNICEF Argentina, el 96% de las chicas y los chicos entre 9 y 17 años accede a Internet en el hogar, el 95% cuenta con un teléfono celular propio y la edad promedio de acceso al primer dispositivo personal con conectividad es a los 9,6 años. En el informe “Zoom a las infancias y adolescencias en la era digital” (2026), la organización sostiene que “estos datos no solo evidencian un acceso masivo y temprano, sino también la profunda integración de las tecnologías digitales en las trayectorias de socialización, aprendizaje, participación y construcción de identidad”.
La misma Encuesta Kids Online 2025 enumera algunas consecuencias que pueden generar las plataformas, como un peor rendimiento escolar (23,1%), el maltrato digital (28,3%), apuestas online (61,5% sabe de alguien que lo hizo), consumo de contenido para perder peso (66,7%) y encuentros con personas que sólo conocieron de forma virtual.
La experiencia de las y los jóvenes muestra que las redes sociales ocupan un lugar central en sus vidas cotidianas, tanto para mantener vínculos, compartir experiencias e informarse como para acceder a espacios de entretenimiento. Sin embargo, también advierten sobre algunos efectos no deseados del uso intensivo de estas plataformas, como la sensación de saturación informativa, las dificultades para regular el tiempo de conexión y la exposición frecuente a contenidos cargados de agresividad, desinformación o discursos hostiles que afectan la calidad de las conversaciones en línea.
Frente a este escenario, las y los adolescentes destacan la necesidad de promover entornos digitales más seguros y responsables, con mayores esfuerzos por parte de las plataformas para moderar contenidos nocivos y reducir la circulación de cuentas destinadas al hostigamiento. Estas preocupaciones se alinean con el planteo de UNICEF, que sostiene que los riesgos en línea disminuyen cuando se fortalecen las mediaciones de adultos, escuelas e instituciones. Desde esta perspectiva, las respuestas más efectivas no son únicamente las restrictivas, sino aquellas que contribuyen a desarrollar capacidades, pensamiento crítico y herramientas de acompañamiento para que niñas, niños y adolescentes puedan desenvolverse de manera más segura en los entornos digitales.
Ante ello, la guía “Convivencia Digital en la Adolescencia” (2025), enumera acciones colectivas para prevenir y enfrentar la violencia digital y propone no ser cómplices pasivos del ciberbullying, apoyar a quien está siendo víctima, usar la tecnología para crear y construir y utilizar la virtualidad para expresar sus opiniones de forma respetuosa y constructiva.
Las coincidencias de las miradas entre jóvenes y organizaciones expresa la circulación que tienen los pilares de la convivencia virtual en la comunidad, lo que también evidencia que las condiciones nos permiten involucrarnos activamente en el bienestar digital. Consolidar buenos hábitos es lo que marcará la diferencia para la salud mental de toda nuestra generación.


