La peor cara de la tecnología y el vacío en los límites digitales volvieron a golpear a la comunidad educativa bonaerense. Lo que comenzó a resonar con fuerza esta semana a nivel nacional tras un caso resonante en Lomas de Zamora se replicó en el partido de Ituzaingó. El escenario es el colegio privado Thomas Alva Edison, donde un grupo de alumnos utilizó herramientas de Inteligencia Artificial para alterar y falsificar imágenes de compañeras de la institución, convirtiendo fotos cotidianas de redes sociales en material de índole sexual.
Entre las víctimas hay jóvenes de entre 15 y 16 años y una nena de a penas 7 años de edad que asiste a la primaria del establecimiento. Si bien el caso ya escaló al ámbito judicial en el Juzgado de Morón bajo los lineamientos del artículo 128 del Código Penal, que sanciona los delitos vinculados a la producción, distribución y divulgación de material de explotación o abuso sexual infantil, toda la comunidad se mantiene en alerta por la rápidez en la que ha ido escalando y el daño que genera en las menores afectadas.
Niñas y adolescentes expuestas
La violencia digital sobre los cuerpos femenizados ha ido mutado a lo largo de la historia, con el avance de la tecnología son las mujeres, niñas y adolescentes quiénes lamentablemente siguen experimentando nuevas formas de violencia, ridiculización y humillación. El entramado que salió a través de la presentación formal realizada por una familia en la Comisaría de la Mujer de Ituzaingó, y luego mediante la denuncia impulsada por el propio director del establecimiento, Rodrigo Herrera, evidencia que la manipulación digital reveló un costado más perverso: los mismos compañeros obtenían ganancias económicas.
Mediante la difusión y comercialización de este material falso, utilizaban las imagenes de sus compañeras para vulnerarlas y sacar redito economico. Lo más lamentable de la situación es que se da a conocer cuando uno de los involucrados decidió delatar a sus compañeros tras quedar marginado del reparto del dinero recaudado. Lejos de pensar en el daño que le estaban realizando a sus pares, lo que rompe el pacto de silencio es no contar con un beneficio.
La respuesta institucional y el impacto en las aulas
Ante la gravedad institucional, las autoridades del colegio Thomas Edison activaron un protocolo de crisis y se comunicaron de urgencia con las familias a través de un comunicado interno. En el mensaje, definieron la situación como un escenario “de conflicto” que “requiere unificar criterios y reforzar las pautas de cuidado, ya que involucra la privacidad, seguridad e integridad de estudiantes”.
“En 4º año surgió una situación vinculada con la edición y circulación de imágenes de estudiantes. Durante la investigación aparecieron además nuevos elementos que involucran imágenes de alumnos de distintos cursos, por lo que consideramos necesario estar atentos y abordar el tema institucionalmente”
Como medida preventiva inmediata, los cuatro estudiantes acusados ya no concurren a clases de manera presencial. En tanto, durante la mañana de este viernes, la institución lleva adelante una serie de reuniones obligatorias con distintos cursos de nivel secundario para transmitir información clara, contener a los alumnos y consensuar pautas comunes de convivencia digital.
El caso en Ituzaingó desnuda una problemática urgente que atraviesa a las escuelas del país: la necesidad de educar en la soberanía digital, visibilizar la violencia de género mediada por tecnología y frenar una moda delictiva que transforma la intimidad de niñas y adolescentes en un botín de consumo masivo.


