Un hecho de extrema gravedad institucional y edilicia sacude a la comunidad educativa de La Plata. Lo que durante años fue advertido por padres y docentes como una tragedia anunciada terminó por consumarse cuando un pedazo de mampostería del techo se desprendió por completo en la Escuela Primaria N° 120, ubicada en la calle 17 entre 36 y 37.
El derrumbe ocurrió en la oficina de la dirección y cayó directamente sobre la directora del establecimiento. Aunque afortunadamente la docente se encuentra fuera de peligro, el impacto dejó al descubierto un estado de deterioro estructural insostenible que obligó a clausurar cuatro aulas y restringir el dictado de clases.
El panorama en el lugar fue registrado en vivo por el periodista Nicolás Chillón para el móvil del programa Palabras más palabras menos de LA CIELO 103.5 que conduce Albino Aguirre.
Desde las puertas del colegio, entre la bruma matinal y la preocupación de las familias, el cronista relató la postal de una institución visiblemente deteriorada desde la fachada exterior. Sin embargo, el verdadero drama se vive cruzando la puerta de entrada, donde los salones clausurados y la falta de servicios básicos transformaron la rutina escolar en una carrera de obstáculos.
“Los chicos se pueden quedar pegados a la pared”
Durante la cobertura radial, Daniela, madre de uno de los alumnos de la institución, brindó un testimonio desgarrador sobre las condiciones cotidianas en las que conviven los estudiantes. “Se derrumbó el techo de la dirección prácticamente. Todo el techo, toda la escuela está así. No hay agua, los baños están rotos, hay ratas y una pared que es donde está primer ciclo que da electricidad”, denunció la mujer ante los micrófonos de la emisora.
La preocupación de las familias no se limita únicamente al riesgo de derrumbes sobre la cabeza de los niños, sino a las goteras e infiltraciones constantes que alcanzaron la instalación eléctrica del edificio.
Según detalló la entrevistada, los paneles de corcho y madera donde habitualmente se cuelgan los trabajos prácticos de los alumnos amanecen inundados y chorreando agua. “Dirección, primer grado, segundo grado y tercer grado están sin poder usarse. Todo eso corre peligro porque tiene electricidad. Los chicos son pequeños, imaginate que pueden llegar a tocar y se quedan pegados a la pared, o se les puede caer un pedazo de techo encima”, advirtió con angustia.
A la peligrosidad de la infraestructura se le suma la falta de higiene y servicios esenciales. La madre reveló que en la escuela se detectó la presencia de roedores e interrupción del suministro de agua potable, lo que impide incluso la preparación del desayuno de la matrícula escolar.
Ante esta carencia, los auxiliares deben acarrear baldes de agua manualmente para las tareas elementales o para servir la leche. En muchos casos, a los chicos solo se les entrega una fruta o un trozo de pan seco, mientras que las bebidas deben ser llevadas por las familias desde sus hogares. “No hay agua, los chicos no desayunan porque no les pueden preparar nada. Les dan un pan o una fruta y agua se la tienen que traer ellos. Y además pueden aparecer ratas y morder a los chicos”, aseveró Daniela.
Clases a cuentagotas, parches pedagógicos y peligro en otros salones
La clausura de los espacios dañados forzó a las autoridades del colegio a implementar un esquema de contingencia para no suspender totalmente la presencialidad.
El desprendimiento del techo dejó fuera de uso cuatro aulas fundamentales. Para intentar sostener el ciclo lectivo, la escuela reorganizó los horarios reduciendo la jornada escolar e instalando un sistema de rotación entre los grados.
Bajo este esquema, los alumnos de primer ciclo (1°, 2° y 3° grado) utilizan los salones correspondientes al segundo ciclo (4°, 5° y 6° grado) en turnos diferenciados, mientras que el resto de las jornadas debe completarse a distancia mediante cuadernillos y propuestas pedagógicas virtuales enviadas a las familias.
Sin embargo, los padres señalan que los espacios a los que fueron trasladados los alumnos tampoco ofrecen garantías plenas de seguridad. Daniela reveló que en el sector de sexto grado existe otra estructura del cielorraso que muestra signos evidentes de desprendimiento inminente. “Hay un sexto grado que se está por caer en pedazos el techo y tampoco se está usando por peligro de derrumbe. Prácticamente los techos de toda la escuela están arruinados”, afirmó.
De mantenerse la inacción de las autoridades, desde la institución no descartan la posibilidad de tener que cerrar temporalmente las instalaciones hasta tanto se garanticen obras de fondo, lo que podría dejar sin clases presenciales a cientos de chicos en lo que resta del año escolar.
Años de notas al Consejo Escolar y el insólito freno a los padres
Lo que genera mayor indignación en la comunidad de la Escuela N° 120 es que las fallas edilicias venían siendo notificadas reiteradamente mediante notas, correos electrónicos y expedientes formales.
Las familias remarcan que se han enviado constantes reclamos dirigidos al Consejo Escolar de La Plata (organismo presidido por Iván Maidana) y al área de infraestructura bonaerense desde hace más de cinco años, sin haber obtenido ningún tipo de respuesta ni solución definitiva.
Frente al abandono estatal, los propios tutores intentaron tomar cartas en el asunto, ofreciéndose a pintar, reparar mampostería y financiar de su propio bolsillo las obras más urgentes a través de la cooperadora escolar.
Sin embargo, se chocaron contra la pared de la burocracia oficial. “Los padres mismos nos hemos ofrecido a pintar la escuela, a solventar el gasto y solucionarlo nosotros como cooperadora, pero no nos permiten por el tema del Consejo Escolar, que no autoriza que vengan los padres a hacer esos arreglos”, explicó la madre entrevistada en LA CIELO 103.5.
Hoy, la comunidad educativa de 17 entre 36 y 37 exige una intervención urgente y de fondo por parte de las autoridades provinciales y municipales. Los padres advierten que la tragedia no cobró vidas por pura casualidad y anticipan que no permitirán el reinicio normal de las actividades hasta que cada espacio de la escuela cuente con las garantías mínimas de seguridad para los niños, docentes y auxiliares.


