Ricardo Soulé murió este viernes 2 de octubre a los 76 años y con él se va una de las figuras centrales de la primera generación del rock argentino. Fundador, cantante, guitarrista, violinista y principal compositor de Vox Dei, dejó una obra que excedió ampliamente a su banda y que ayudó a construir el lenguaje con el que el rock nacional comenzó a reconocerse a sí mismo.
La noticia fue confirmada por su familia. Soulé se encontraba atravesando un delicado momento de salud y semanas atrás había anunciado una pausa en sus actividades públicas. Su fallecimiento ocurrió en Quilmes, ciudad estrechamente vinculada con su historia personal y musical.
Pero hablar de Ricardo Soulé solamente como el autor de “Presente” sería reducir una trayectoria mucho más amplia. Su verdadero peso histórico está también en haber participado de una generación de músicos que, a fines de los años 60 y comienzos de los 70, se propuso algo que hoy parece natural pero entonces resultaba profundamente novedoso: hacer rock en castellano, con canciones propias y con una identidad cultural argentina.
Vox Dei y el nacimiento de una identidad
Vox Dei comenzó su recorrido en 1967 con Ricardo Soulé, Willy Quiroga, Rubén Basoalto y Juan Carlos “Yody” Godoy. La banda atravesó distintas formaciones y nombres antes de consolidarse, y tuvo sus primeros registros discográficos a fines de los años 60. Su primer álbum, Caliente, apareció en 1970.

Ese período fue decisivo para la consolidación del llamado rock nacional. Junto con Los Gatos, Almendra y Manal, Vox Dei formó parte de una escena que empezó a despegarse de la lógica de reproducir en español los éxitos del rock anglosajón para desarrollar una canción propia.
Los Gatos habían demostrado que una canción de rock podía convertirse en un fenómeno popular; Almendra aportó una sensibilidad poética y una búsqueda sonora inéditas; Manal llevó el blues, el jazz y la experiencia urbana a las letras en castellano. La Fundación Konex considera a Manal, precisamente, uno de los grupos fundacionales del rock nacional junto con Almendra y Los Gatos.
Vox Dei sumó otra dimensión: el rock podía ser también espiritual, existencial, filosófico y conceptual.
Y ahí aparece la figura de Soulé.
“Presente”: una canción sobre el tiempo que se volvió eterna
Entre las canciones que quedaron asociadas para siempre a su nombre está “Presente (El momento en que estás)”.
Soulé la escribió cuando tenía apenas 17 años. La canción nació de una experiencia amorosa, pero rápidamente adquirió una dimensión mucho más profunda: la conciencia de que el tiempo pasa y que la existencia está determinada por la fugacidad.
La inspiración literaria de Soulé estuvo relacionada con las coplas de Jorge Manrique y con esa reflexión sobre la muerte y el paso del tiempo. Musicalmente, además, su formación como violinista tuvo un peso importante: el propio músico explicó que la estructura de “Presente” estaba vinculada con un canon que había estudiado durante su formación clásica.
Esa combinación ayuda a explicar la permanencia de la canción.
No era simplemente una balada de amor. Era una canción popular capaz de introducir una pregunta existencial en un lenguaje sencillo: qué hacemos con el tiempo que tenemos mientras lo estamos viviendo.
Por eso “Presente” atravesó generaciones. Fue cantada en reuniones, fogones, bares y escenarios durante décadas y terminó convertida en una de esas canciones que dejaron de pertenecer exclusivamente a su autor.
“La Biblia”: cuando el rock argentino se animó a pensar en grande
Si “Presente” convirtió a Soulé en autor de un clásico, La Biblia convirtió a Vox Dei en protagonista de una transformación mucho mayor.

El álbum comenzó a gestarse después de Caliente y fue publicado en 1971. Se trató de una obra conceptual de enormes dimensiones para una escena que todavía estaba dando sus primeros pasos.
La idea de Soulé consistió en llevar al lenguaje del rock distintos episodios, personajes y preguntas presentes en la Biblia. No se trataba simplemente de musicalizar textos religiosos: la obra buscaba una interpretación humana de esos relatos.
El propio Soulé explicó años después que la obra estaba pensada desde una perspectiva humana y no estrictamente religiosa. Esa diferencia es fundamental para comprender su importancia.
Vox Dei no estaba intentando hacer música religiosa convencional.
Estaba preguntándose qué podía hacer el rock con temas como el origen, la fe, el bien, el mal, la muerte, la guerra, el sacrificio y la trascendencia.
El resultado fue un álbum doble que se convirtió en uno de los primeros grandes trabajos conceptuales del rock argentino. La Biblia llegó a las disquerías en marzo de 1971 y, por su ambición artística, se transformó en un punto de referencia para las generaciones posteriores.
Incluso la relación con la Iglesia resultó singular: las letras fueron revisadas antes de la edición y, según los registros históricos de la Fundación Konex, el Arzobispado llegó a recomendar el disco a los jóvenes.
Las letras: del amor y la ciudad a las grandes preguntas
Uno de los grandes cambios producidos por aquella primera generación fue la ampliación de los temas que podían entrar en una canción de rock.
Antes de esa revolución, el rock argentino estaba muy ligado a la traducción, adaptación o reinterpretación de modelos provenientes de Estados Unidos y Gran Bretaña. Los pioneros comenzaron a demostrar que el castellano no era un obstáculo: podía convertirse en una herramienta artística.
Las letras empezaron entonces a hablar de la ciudad, la soledad, la juventud, el amor, la política, el paso del tiempo, la identidad y la existencia.
En ese sentido, cada grupo encontró un territorio.
Manal convirtió a Buenos Aires y al conurbano en materia poética. Canciones como “Avellaneda Blues” construyeron una geografía urbana marcada por vías, calles, trenes, bares y personajes anónimos. La Fundación Konex destaca justamente el carácter urbano y existencial de las letras de Javier Martínez.
Almendra, por su parte, llevó el lenguaje del rock hacia una poesía mucho más imaginativa y subjetiva, con Luis Alberto Spinetta como uno de sus grandes artífices.
Los Gatos, con Litto Nebbia y compañía, ayudaron a instalar la canción de rock en castellano dentro del circuito popular.
Y Vox Dei llevó esas posibilidades hacia otro territorio: el de las preguntas metafísicas y religiosas.
En todos los casos había algo en común: el rock dejaba de ser solamente un género musical importado para transformarse en una forma argentina de escribir canciones.
La importancia de las primeras bandas del rock nacional
Mirar hoy aquella escena con categorías actuales puede resultar engañoso. No existía todavía la enorme industria del rock argentino, no había estadios llenos de manera habitual ni una estructura mediática dedicada exclusivamente al género.
Los músicos tenían que crear también el espacio donde su música pudiera existir.
Manal tocaba en clubes y bares; Almendra construía una nueva sensibilidad alrededor de sus canciones; Los Gatos demostraban que el rock podía alcanzar al público masivo; Vox Dei avanzaba hacia obras cada vez más ambiciosas.
Incluso la aparición de sellos independientes como Mandioca fue importante para que esos artistas pudieran grabar. Vox Dei registró allí Caliente, mientras que Manal también encontró en ese circuito una vía para editar su música después de recibir rechazos de compañías discográficas.
Aquella generación no heredó un mercado consolidado. Lo construyó. Y también construyó un vocabulario.
Por eso la influencia de aquellas bandas no debe medirse únicamente por la cantidad de discos vendidos o por la cantidad de canciones que permanecieron en la memoria popular. Su verdadera importancia está en haber ampliado aquello que podía ser una canción argentina.
Ricardo Soulé, entre el rock y la música clásica
La particularidad de Soulé estuvo también en su formación musical.
Antes de convertirse en guitarrista eléctrico había estudiado violín. Esa formación clásica quedó incorporada a su manera de componer y tocar. Emilio del Guercio, integrante de Almendra, destacó años atrás la influencia de esa formación en la manera en que Soulé construía acordes, melodías y armonías.
“Presente” es un ejemplo especialmente claro de esa combinación: una canción aparentemente sencilla, pero sostenida por una estructura armónica y melódica más compleja de lo que su carácter popular podría hacer suponer.
Esa tensión entre lo erudito y lo popular también atraviesa La Biblia. Rock, blues, formación clásica, poesía y tradición religiosa convivieron en una misma obra. Y esa mezcla fue, precisamente, una de las características más fértiles de aquella primera etapa del rock argentino.
Un legado que sobrevivió a Vox Dei
La historia de Soulé no terminó con Vox Dei. El músico desarrolló también una extensa carrera solista y continuó trabajando durante décadas con una concepción artística que nunca abandonó sus inquietudes espirituales y filosóficas.
Pero su nombre quedó definitivamente unido a aquella etapa fundacional.
Porque Presente sigue hablando del tiempo.
Porque La Biblia todavía plantea preguntas que no tienen una respuesta definitiva.
Y porque Vox Dei demostró, cuando el rock argentino todavía estaba buscando su identidad, que una banda podía mirar hacia afuera —al blues, al hard rock, a la música clásica— sin dejar de mirar hacia adentro.
La muerte de Ricardo Soulé cierra una de las últimas páginas de aquella primera generación. Pero también vuelve a poner en primer plano algo que muchas veces se pierde cuando se habla de la historia del rock nacional: antes de que existiera una industria, hubo músicos que tuvieron que inventar un idioma.
Soulé fue uno de ellos.


