El 5 de junio del 2026 pasará a la historia como un día gris en la Argentina. A sus 77 años, Carlos Alberto Solari, poeta, vocalista y alma de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, murió tras una lucha de años contra el Parkinson. El Indio, emblema del rock nacional, padecía esa enfermedad que fue consumiendo lentamente su capacidad de movimiento, pero que nunca apagó el peso de su figura en la cultura popular. Así, logró traspasar los recitales y volverse, incluso, un ícono del fútbol.
Hincha fanático de Boca y admirador número 1 de Juan Román Riquelme, se mostró en más de una ocasión con ídolo Xeneize, quien le retribuía el cariño. Más allá de eso, el Indio sobrepasó también los colores azul y oro. Tal es así que muchas de las míticas frases de Los Redondos se replican fin de semana a fin de semana en las diferentes canchas. Y muchas otras forman parte de los trapos que visten los diferentes estadios tanto del Ascenso como de Primera.

Nacido en Paraná, su amor con la pelota se forjó en La Plata. “Cerrábamos las dos esquinas y éramos veintipico jugando”, recordó en su momento al periodista Marcelo Figueras en Indio Solari – Recuerdos que mienten un poco, un libro de 850 páginas escrito a cuatro manos por ellos. Había un vecino, confió el músico, al que apodaban Caimán y al que volvían loco con pelotazos al portón de su casa. Cada vez que salía, se escapaban. “Una vez salió con un cuchillo y, mamita: chau pelota”. La venganza fue la costumbre de molestarlo a la hora de la siesta. “Nunca más durmió”, contó entre risas.
En cuanto a sus características, sostenía: “Tiraba buenos centros, pero ante todo era amigo de los que jugaban bien y por eso me metían en sus equipos. Fui un buen marcador. Ahora, ojo: no pasaba diez metros de la mitad de la cancha, porque no me gustaba entrenar. Era sucio para jugar. No pegaba fuerte, pero te sacudía el tobillo todo el primer tiempo y en el segundo ya no podías correr”, confiaba.

Si bien su talento con la pelota no se lo permitió, su lírica sí le dio lugar en las canchas. Frases como “Mi único héroe en este lío”, “Nos merecemos bellos milagros y ocurrirán” o “La alegría por la que mi mundo gira” aparecen desde hace décadas en banderas, telones y trapos desplegados en distintos estadios del país e incluso del exterior. El Indio logró, a través de esa pasión latente, una tremenda identificación entre el universo ricotero y el fútbol.
De hecho, varios clubes le rindieron homenaje a la mítica banda de manera oficial a lo largo de los años. Uno de los casos más emblemáticos se dio en Huracán, que en su momento lanzó una camiseta con un parche conmemorativo por los 25 años de aquellos recitales que Los Redondos realizaron en el Palacio Ducó. Lo dicho fue en 2018 y Solari acompañó aquel reconocimiento.

El poema que el Indio le dedicó a Riquelme
“Un artista, creo yo, casi desconociendo tal magnitud y aceptando con gratitud ser un músico popular, tiene el deber de cruzar la frontera del sentido común de la sociedad donde se manifiesta. Visitar esa tierra incógnita la veces que sea necesario para así observar la vida desde un estado de conciencia que escapa con paso rápido de las tradiciones, del legado de los muertos. Sus recompensas son la soledad, el viento recio y transitorio de la pasión y las borracheras provocadas por la belleza ocasional.
“Probablemente no consiga nunca que su destino sea nada más que el eco de sus deseos. Debe, entonces, ser lo suficientemente valiente como para que el temor no le impida a su apetito amoroso exponer lo que cree que debe expresar. Aceptará que su destino sea relativo pasajero y violento. Sus emociones, sus reflexiones y sus juicios personales, si no toma por asalto la esquiva belleza, no son nada. De lo extraordinario y extraño debe nutrirse su estilo (que nunca es neutral)”.
“Ahora bien, luego de todo este parloteo con el que he jugado a describir lo que no me es propio, recién ahora veo que una definición ejemplar y clara me llega para acabar con este intento en vano. Y digo entonces: UN ARTISTA ES ROMAN“.


