Lo necesitaba. Gimnasia lo necesitaba. Después de un arranque de torneo con dudas, errores puntuales y goles que costaron caro, Nelson Insfrán volvió a mostrar su mejor versión y fue determinante en el triunfo de Gimnasia en tierras mendocinas.
El Mono la rompió. Estuvo firme en los centros, respondió con seguridad ante remates de media distancia y, sobre todo, jugó un partido sin fallas groseras. En un contexto donde el equipo volvió a ser superado en varios pasajes, su figura se agigantó bajo los tres palos.
Ganó los duelos y recuperó la confianza
Le ganó sistemáticamente el duelo a Módica, el delantero más peligroso de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, que fue quien más lo exigió durante la noche. Y además dejó atrás esas falencias evitables que lo habían marcado en el inicio del campeonato, como el descuento de Racing Club en la primera fecha o el gol de Tapia ante Barracas Central.
Si bien en el Clásico ya había dado señales de recuperación, en Mendoza su actuación fue directamente descollante. Con la ayuda de los travesaños, sí, pero también con reflejos y autoridad, Insfrán le devolvió al equipo la seguridad que tanto necesitaba.
Arco en cero, confianza renovada y la estampita del Mono circulando otra vez entre los hinchas. Una noche clave para él y para un Lobo que sabe que, cuando su arquero está firme, todo se hace un poco más sencillo.
La historia de la estampita
Todo empezó con el triunfo de Gimnasia ante Sarmiento. El arquero fue el gestor de la importantísima victoria en Junín, en la que detuvo un penal y tuvo, además, un par de muy buenas atajadas. Desde sus manos llegó la tranquilidad que el equipo precisaba para sacar adelante un partido de poco vuelo futbolístico.
Acaso por eso a alguien se le ocurrió llamarlo San Nelson. Y de a poco los fieles albiazules comenzaron a creer en el Mono como algo más que un arquero. Por mantener al equipo en Primera hace dos años en el desempate con Colón y por sus enormes atajadas de ahí en adelante. Y algún otro fanático habrá dicho, “¿por qué no ir más allá?” y armó una estampita modo vaticano para trasformar a Nelsón Insfrán en el patrono de todos los triperos.

