El Trofeo de Campeones medirá al ganador del Torneo Clausura (Estudiantes) y al del Apertura. Un Platense que, a diferencia del Pincha, llega a la definición en San Nicolás con un enorme contraste en relación al equipo que se consagró campeón. Porque desde aquella épica final ante Huracán en Santiago del Estero pasaron tres entrenadores y apenas dos victorias en 17 partidos en una campaña casi de descenso…
Último en la Zona B con sólo 12 puntos, el Calamar estrenará el próximo fin de semana a su nuevo entrenador: Walter Zunino, quien fuera ayudante de campo de la dupla campeona (Favio Orsi–Sergio Gómez) y que tendrá como objetivo revitalizar a un plantel completamente golpeado y a un club ídem.

Es que desde el 1° de junio de este año, cuando se bordó su primera estrella y se clasificó a la próxima Libertadores, Platense perdió al dúo ganador, contrató al Kily González como reemplazo —venía de una buena campaña en Unión— y sin embargo no pudo parecerse nunca a ese Tense que en los playoff del Apertura borró a Racing, River y San Lorenzo.
Porque desde esa consagración, Platense apenas ganó dos partidos: 2-1 a San Lorenzo en Vicente López y otro 2-1, pero de visitante en Florencio Varela frente a Defensa. ¿El resto? Ocho derrotas y siete empates (uno, con eliminación de la Copa Argentina ante Independiente Rivadavia). Para dimensionar el desplome: terminó el año a apenas seis puntos de Godoy Cruz, que descendió por tabla anual.
Hernán Lamberti, un histórico como futbolista, fue el que dirigió el último encuentro del certamen: la goleada ante Gimnasia (0-3). La posta la tomó Zunino. El gran objetivo es ganar el Trofeo de Campeones para revertir la imagen de este último sprint de año. Para darle otra copa al club. Y para pensar en un 2026 que se parezca más al primer semestre de un 2025 que se está terminando.


